The King of Dragons Análisis

Diego

En aquellos tiempos, en los que levantaba dos palmos y medio del suelo, la Super Nintendo y la Megadrive mandaban. Las conversiones de recreativa a consola eran una constante y entre ellas tenemos al olvidado King of Dragons de Capcom.

¡Se acabó gastarme los 20 duros de paga en las recreativas!

 Y no por castigo real. Aquellos que vivimos la edad de la peseta sabemos lo que con 20 duros podías hacer en una recreativa. Tampoco es que fuese un dineral, pero para un par de partidas te daba sobre todo un viernes por la tarde de invierno. ¿Qué alternativa teníamos? Podríamos jugar a la consola, aunque de aquella el número de televisiones culonas por casa no solía exceder de las 2. Con el salón ocupado, te quedaba la alternativa de usar una vetusta tele vieja colocada en la cocina o en la habitación de tus padres.

El Beat´em´up, ese genero que arraso a principios de los 90…

El género del beat´em´up con toques roleros tiene su encanto. De ahí mi adoración al Tekken 3 de PSone y a su modo Tekken Force en el que podíamos desbloquear al Doctor Boskonovitch. Bueno, que me voy por las parras ya. El caso es que el tema mazmorras, dragones y ambientación tardomedieval tiene su punto y este juego, de forma muy simple, recoge todos los matices, así como todos los tópicos de este tipo de entretenimiento y que estaba muy de moda en la época.

Como no cabía esperar de otro modo, King of Dragons centra su historia en un malvado dragón llamado Gildiss que se aburre mucho en su cueva (mala conexión online, no pilla los canales de TDT, no tiene amigos, yo que sé) y se dedica a tocar las narices al reino de turno. Pues nada, nuestros héroes deberán recorrer los 16 niveles del juego cargándose a cuanto esbirro y aliado del malvado reptil se encuentren y así salvar a su querido país. Como veis, tampoco es que esté dotado de gran profundidad, pero chicos y chicas gamers, estos juegos no se caracterizan por un excelso guión. La cosa es ver si su jugabilidad lo compensa. Y lo hace.

Los cinco heroes

Ahora llegamos al punto en el que introducimos el cartucho y vemos si la apuesta, aparentemente tan simple, resulta o no atractiva. Tras una breve pantalla inicial podremos escoger a un héroe. Tenemos cinco posibilidades distintas: un guerrero, un mago, un elfo, un sacerdote y un enano. Cada uno de ellos tiene unas habilidades ligeramente diferentes, lo cual es, en mi opinión, un acierto sobre todo cuando lo juegas con un amigo o amiga. Por ejemplo, el enano es pura fuerza bruta. Pega mucho de cerca pero su alcance es muy limitado. Un elfo en cambio sí es capaz de pegar a los enemigos más alejados, pero es muy débil en el cuerpo a cuerpo. Cuestión de gustos y de coordinarse con tu compañero. Si uno coge un guerrero y el otro un sacerdote, pues la combinación puede funcionar bien. Si en cambio se os da por elegir a enano y guerrero, vais a sufrir un poco con los bichejos que usen magias.

“…estos juegos no se caracterizan por un excelso guión. La cosa es ver si su jugabilidad lo compensa. Y lo hace.”

 En el caso de un solo jugador, tendrás que elegir contra quien vas sobrado y contra quien toca ir con cuidado. El número de enemigos, eso sí, es menor si juegas solo que acompañado.

Aun así, a pesar de haber más bichería, el modo cooperativo es mucho más divertido que pasárselo solo. No es excesivamente extenso (te lo puedes terminar en 1 hora) pero sí es muy divertido y acompañado uno tiene con quién discutir si uno manquea o de celebrar las victorias cuando estas se van sucediendo.

Nos encontraremos con enemigos duros de roer

La mecánica de juego invita a ello. Aparentemente es usar mucho las manos y poco la estrategia. Es lo que nuestros amigos británicos llaman “Hack and Slash” a la antigua. Traducido a la lengua común de todos los amantes del jamón y la tortilla, entre los cuales me encuentro, es un pégate con todo lo que salga delante usando hachas, flechas, magias y todo objeto cortante o contundente que te sirva para hacer limpieza. Bajo esta premisa os podéis imaginar a estas alturas que no es muy complicado jugar. Básicamente controlamos el personaje con las flechas de dirección, un botón de salto para esquivar ráfagas de cosas que vengan por el suelo y uno de repartirle cera al enemigo. También tendremos un ataque especial que podremos realizar con cada uno de nuestros héroes que es más fuerte que el normal pero que nos costará un poco de vida cada vez que lo hagamos.

A cada nivel que avancemos, encontraremos objetos de mejora para el mismo si bien esto último es en mi opinión, algo testimonial ya que va acorde al mayor daño que nos harán los enemigos. También tendremos pociones, monedas e incluso alguna vida extra. Nos harán mucha falta estas últimas. No es que el juego sea extraordinariamente difícil, que no lo es. Pero tampoco es un paseíto aporreando botones. Hacedlo, sí, pero con un poco de “cabeciña” pues llegar al final requiere ser un poco diestros y no es recomendable desperdiciar las escasas vidas que tenemos.

Hasta aquí todas mis impresiones positivas sobre el título. Ha envejecido bastante bien, lo suficiente como para que nos apetezca jugarlo a estas alturas, pero no es perfecto y tiene algunos detalles que hacen que no sea uno de esos imprescindibles e inolvidables como sí lo es, quizá, el Golden Axe de Sega.

El punto más débil del título está ya no en la mecánica repetitiva de juego (el estilo es el que es) si no en los enemigos. Jefes, subjefes y esbirros se suceden por doquier. El problema es que los bosses a veces solo se diferencian poco más que en el color, siendo el diseño prácticamente el mismo para algunos de ellos. Ejemplos los tenemos por ejemplo en el dragón verde de la segunda fase del juego con el dragón azul de la antepenúltima. En esa misma tenemos unos orcos barbudos (que me recuerdan mucho a mi) que son iguales al boss de la sexta fase. Es un aspecto poco trabajado y otro de los detalles que lo alejan de la excelencia. Eso sí, gráficamente lucen muy bien, al igual que los escenarios, estos últimos apoyados en un buen apartado sonoro.

Si os apetece disfrutar de un título sencillo, sin complicaciones, en compañía de un amigo o amiga (o de vuestra pareja) para una tarde de sofá, es una opción recomendable que os hará revivir la antigua época de los 16 bits y de las recreativas. Del tiempo de cuando Pulp Fiction lo petaba y nosotros nos llevábamos el enésimo revés futbolístico con la selección.

Lo Bueno

  • 16 niveles = elevada duración para su género
  • Gran apartado técnico, escenarios y enemigos vistosos
  • El modo cooperativo
  • Toques roleros

Lo Malo

  • Enemigos repetitivos y algunos de ellos clónicos
  • El argumento coge en una servilleta de bar. Poco o nada trabajado.
  • Ninguna novedad en su versión de SNES con respecto al arcade.
7

Bueno

Diego
Cada día me levanto y cuando vuelvo de un largo día de trabajo, puedo imaginarme siendo el héroe, el villano y revivir mil y una aventuras. Puedo ser uno y puedo ser todos. Hoy soy Solid Snake, mañana Samus y pasado mañana Toad.

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