Astérix es una de esas sagas eternas que todos y todas, más jóvenes o más entraditos en años, recordamos como parte de nuestra infancia. Todos hemos visto alguna vez algún comic o el decimonoveno pase (al menos) en la televisión de turno de alguna de sus películas como Astérix y las doce pruebas.
En el año 1993, un año después de que Barcelona maravillase al mundo con unos Juegos Olímpicos inolvidables, las 16 bit competían por un duro mercado en el que salían como churros plataformas aprovechando el éxito de dos sagas míticas como Super Mario y Sonic. Entre ellos tenemos uno de esos escasísimos casos en los que un juego de calidad no salió de las fronteras europeas y solo los usuarios del viejo continente pudieron disfrutarlo en sus máquinas de 8 y 16 bits.
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